lunes, 28 de julio de 2014

TREN DE CERCANIAS Y AL AEROPUERTO DE QUITO

Como es conocido, el 25 de junio de 1908, llega por primera vez el tren a Chimbacalle y se finaliza la obra ferroviaria más importante del Ecuador, no solo por su dificultad sino especialmente por todo lo que significaba el tren como unión de la costa con la sierra, de vehículo para el incremento sustancial de los intercambios comerciales y de viajes entre las regiones y como columna vertebral de la integración de la nacionalidad ecuatoriana. El tren Quito-Guayaquil cuya inauguración oficial, que fue una gran fiesta cívica nacional, contó con la presencia del presidente Eloy Alfaro y los hermanos Harman.

En 1929 el Presidente Isidro Ayora inaugura el tramo Quito – Ibarra.

El 1 de abril del 2008, el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) declara como bien perteneciente al Patrimonio Cultural del Estado a la Red Ferroviaria del Ecuador “Monumento Civil y Patrimonio Histórico, Testimonial, Simbólico”. En ese año se inicia el proceso de rehabilitación del Ferrocarril Ecuatoriano como un proyecto emblemático del actual gobierno.

A los valores reconocidos por la declaratoria del INPC, tenemos que agregar además que solamente en el Distrito Metropolitano de Quito, la vía férrea existente y conservada en parte debido al Comodato con la Cámara de Comercio de Quito, significa un patrimonio público de más de 86 kilómetros de vía, que representan una superficie de al menos 64 hectáreas de suelo muy valioso.

El ferrocarril tiene además un valor histórico por su aspecto constructivo. En la época en que fue construido y solo en su paso por el Distrito Metropolitano de Quito, existen al menos 3 puentes de diferentes luces y cinco túneles de los cuales el de mayor longitud es de 981,21 metros.



Después de todas estas consideraciones nos resulta afrentoso el nombre de “Chaquiñán” que se le dio a los 20 kilómetros que tiene como préstamo de uso la Cámara de Comercio de Quito.

Adicionalmente las leyes y reglamentos con respecto al ferrocarril que desde 1936 y por lo menos hasta el año de 1994, se han venido dictando y reformando, garantizan la propiedad y uso de las vías férreas, además de las servidumbres y limitaciones correspondientes.

Todos estos valores mencionados aquí, son la base para la propuesta general de reutilización de las vías férreas existentes en un tren ligero de cercanías hacia el sur y hacia el norte y con conexión al aeropuerto de Quito.

En un artículo publicado en febrero del 2009, a favor del metro, ya anunciábamos la conveniencia de considerar la conexión entre el proyecto del metro y las vías férreas existentes, idea reiterada en otro artículo publicado en el Blog “La red de Espacios Públicos” en febrero del 2013.

Esta idea, es la de ir de forma paulatina con visión de futuro y a largo plazo como se han de planificar las ciudades, integrando la red metropolitana de transporte público, en donde el metro y el tren ligero serían la columna vertebral del sistema.

En los planos obtenidos en el IGM con los cuales se ha formado un  mosaico en el que se incluye el trazado de la Línea 1 del Metro, podemos verificar que en la parada denominada “El Recreo”, existen dos cruces con la vía férrea actual en uso, que permitirían una conexión relativamente fácil con el tren de cercanías.



Por otro lado, la tecnología actual de los ferrocarriles ha evolucionado mucho en varios sentidos, el ahorro de energía eléctrica, de la que el Ecuador dispondrá en breve en volumen suficiente, a través del aprovechamiento de la energía producida en las frenadas, es uno de ellos.

La capacidad del tren ligero, su velocidad y la posibilidad de utilizar los horarios de las 24 horas de acuerdo a la demanda, harán que en poco tiempo sea el medio de transporte preferentemente usado por los ciudadanos que viajan desde y hacia los valles, al sur y al aeropuerto de Quito.

Si utilizamos la vía férrea actual, renovada, con probables rectificaciones o desvíos, hay varias posibilidades de trazado para la construcción de un tramo nuevo del ferrocarril de pequeña longitud, para la conexión con el aeropuerto Mariscal Sucre.

También hemos de considerar que las paradas intermedias permiten el cruce de los trenes que circulan en direcciones contrarias y además ofrecen la posibilidad de utilización a los ciudadanos que habitan o trabajan cerca de las estaciones, y a través de estacionamientos adjuntos, la utilización a otros usuarios del entorno mediato.






sábado, 18 de enero de 2014

LA ARQUITECTURA Y LOS CONCURSOS II

El Colegio de Arquitectura y Diseño de la Universidad San Francisco de Quito, con un muy amplio programa editorial desde el año 2000, ha venido publicando una serie de libros y revistas de arquitectura que ha llegado a ser una de las más importantes en el Ecuador. La última revista en crearse es la Revista DQ/MANUS, en cuyo número 2, a petición del Decano Arq. Diego Oleas Serrano, se incluyó el artículo reproducido a continuación.

Nota bibliográfica:

Este artículo se redactó para la Revista DQ/MANUS, aunque la primera parte arranca del artículo con el mismo título publicado en el blog http://lareddeespaciospublicos.blogspot.com el 12 de agosto del 2013, en esta ocasión ha sido revisado y ampliado además de añadirle los gráficos correspondientes. La segunda parte se incorpora como complemento necesario a la intención propositiva del artículo.









jueves, 19 de septiembre de 2013

¡CUARENTA PISOS! (2). CARTA AL DR. AUGUSTO BARRERA G. ALCALDE DE QUITO

Arquitectos por la ciudad en su petición para que las autoridades reflexionen sobre la participación y autorización para construir edificios de 40 pisos (160 metros de altura), envió al Arq. Fernando Cordero. Presidente del Directorio del IESS, la comunicación publicada en el Blog http://lareddeespaciospublicos.blogspot.com/2013/09/cuarenta-pisos.html
A continuación publicamos la carta enviada al Alcalde de Quito al que se le adjuntó copia de la carta enviada al Arq. Cordero.




lunes, 16 de septiembre de 2013

LA CIUDAD ES EL MÁS SOFISTICADO PRODUCTO CULTURAL QUE CONSTRUYE LA SOCIEDAD.

Jorge Benavides Solís. Arq. (UCE) Ph.D (UPM). Ecuatoriano, Profesor Titular de la Universidad de Sevilla, en este artículo reflexiona sobre la ciudad y los derrocamientos que se harán en el Centro Histórico de Quito.


Dos colegas me han hecho saber que el gobierno local propone seguir construyendo el Centro Histórico de Quito Patrimonio de la Humanidad y no sólo de los ecuatorianos, fragmentando sus huellas y significados que se acumulan en el patrimonio material emergente visible pero, también en aquel subyacente que exige una gestión más comprometida con la cultura antes que con la técnica. Alejada de la política coyuntural. Tirar al suelo dos edificios modernos similares a tantos otros, es una propuesta no prioritaria, excluyente y sin rigurosa justificación. La ciudad es la casa grande de todos. Discutámoslo. El Colegio de Arquitectos y otros profesionales se oponen.
La técnica tiene una vocación pragmática que debería estar siempre vinculada a la cultura; en la ciudad, a las formas de vida, de consumir el tiempo, de vincularse con el entorno, de comunicarse, de interrelacionarse para hacer más agradable la vida.
Para los griegos “tekne”, palabra de la que derivan arquitectura y técnica, tenía varios significados dirigidos a garantizar la destreza, entendida como la habilidad responsable para pensar y hacer las cosas, o sea para desempeñar cualquier actividad dirigida a producir belleza. La palabra cultura apareció por primera vez durante el Renacimiento, pues, también se podía cultivar el espíritu y la defensa del patrimonio cultural, paradójicamente surgió motivada por los desmanes de quienes participaron en la Revolución Francesa. Para impedirlos apareció la primera Ley con tal objeto. En Ecuador se promulgó en los años cuarenta del siglo pasado y recién en los años setenta volvieron de España los tres primeros arquitectos ecuatorianos especializados en restauración de monumentos. Por aquellos años en la Facultad se formaba bajo los estrictos principios del Movimiento Moderno de la Arquitectura que justificaban derribar las casas y edificios construidos, con el fin de reemplazarlo con altos bloques nuevos de hormigón y cemento, ignorando aquellos inmuebles vecinos; con desprecio a los centros históricos[1]. Le Corbusier en 1923 había anunciado la muerte de la calle (preferencia del peatón) y proclamado la vigencia de las vías (preponderancia del coche). Razón tenían quienes decían que “Quito sigue siendo lindo a pesar de los Arquitectos” y de algunos políticos se podría añadir.
Al llegar los españoles a Abya Yala (nombre prehispánico de América), organizaron el territorio e hicieron la ciudad y la arquitectura que no podían ni sabían hacer en su tierra debido a las condiciones económicas, sociales, culturales y territoriales. Los Señoríos (control de los factores de producción) y las Cartas Puebla (autorización para organizar ciudades) se hacían en un contexto de conquista diferente al americano. Entre la sociedad prehispánica se encontró una sociedad donde no había hambrientos debido al enorme desarrollo de la producción de alimentos y de los sistemas de distribución. Aquí los asentamientos humanos estaban directamente  vinculados a las unidades de producción; por eso no existía la clara diferencia entre campo (rus, ruris) y ciudad (urbs), eso explica la dispersa ocupación del territorio. Por eso en kichua no existe la palabra equivalente a ciudad. Todo lo contrario al concepto europeo: la ciudad es un área amurallada con alta densidad de población protegida por los dioses y santos. La protectora de Cuenca es Santa Ana, la de Quito, San Francisco.
Surge así una innovadora y singular forma de vinculación entre el hombre y el territorio que ya no obedecerá al proceso aborigen; pero tampoco responderá al proceso europeo. Ni a uno ni a otro. Será nuevo, singular, no conocido antes en ninguna parte del mundo precisamente porque a partir de 1492 se encontraron dos sociedades con identidades muy caracterizadas y desarrolladas[2].
Desde 1534 Quito constituye el verdadero documento material de identidad (social) que está construyendo desde hace varios (cinco) siglos, la sociedad en el Ecuador; sin embargo ésta, hoy es diferente a la de aquel tiempo e incluso a la de los años setenta. Casualmente en esta década, por una parte, el país comenzó a depender de la cantidad de barriles de petróleo exportados y por otra, se inició la actual forma de producir y de acumular el lucro que caracteriza al capitalismo globalizado, vigente en todos los países del mundo, menos en dos.
Hasta hace poquísimas décadas Ecuador, junto con otros países hermanos estaba clasificado como subdesarrollado, ahora se encuentra en el ámbito de los países con economía emergente liderado por Brasil y la India. Y actualmente, si China no le comprara deuda a Estados Unidos, difícilmente mantendría su poderosa influencia y no se mantendría impasible frente a la notable penetración económica del gigante asiático en Hispanoamérica, poseedora de imprescindibles recursos indispensables para mantener su crecimiento.
En este contexto es fácil comprender la expansión patológica del Quito moderno que ha esterilizado miles de hectáreas de fértil terreno en Turubamba, en los valles occidentales y en todas las colinas que conforman uno de los paisajes más espectaculares que se pueden apreciar desde el avión o desde el Pichincha. En estas condiciones, al Centro Histórico, de hecho, ha cambiado sus funciones.
En 1950, con 224.344 habitantes y un suelo ocupado entre la Magdalena y el barrio América, el centro histórico, prácticamente equivalía a toda la ciudad, a la casa de todos.
“El primer dato referente a los barrios periféricos se lo puede extraer del censo de 1963; era de 7378 cuando la población llegaba a 368.000 habitantes”[3]
En 1987 se veía en el plano del IGM, Quito cabía en 35 Km de longitud. En 2010 con 2´239.191 habitantes, se extiende  entre Guamaní, Pomasqui y Calderón (45 Km.)
En estas condiciones, el Centro Histórico cambió automáticamente de función: de la casa de todos pasó a ser el salón de la familia, luego la sala de huéspedes y visitantes. Terminará convertido en un parque temático más, como son el Barrio Santa Cruz de Sevilla, el área monumental de Florencia y otros barrios de las ciudades Patrimonio de la Humanidad. Se han restaurado, rehabilitado, consolidado, dignificado, saneado, etc. los inmuebles para adecuarlos a nuevas funciones, generalmente terciarias. Una estimable obra con una ingente inversión; pero los residentes tradicionales generalmente de medianos y escasos ingresos, han sido expulsados debido a la insuficiente política de vivienda que haga posible las recomendaciones de la Carta de Quito (1977) y otros documentos así como experiencias internacionales.
Como explica sin rigor la Arq. Ana María Armijos[4], la propuesta del gobierno (nacional y local) parece impositiva y, en términos urbanísticos, descontextualizada por cuanto no está vinculada a un verdadero PLAN ESPECIAL DE PROTECCIÓN DEL CONJUNTO (CENTRO) HISTÓRICO en el cual, además del Catálogo, deben estar previstas todas las posibles intervenciones con su correspondiente Normativa (Ordenanza). Todo ello preparado y redactado bajo el marco de la Ley de Patrimonio Cultural (2004) y las competencias del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural.
La propuesta supone una inversión ineficaz e inútil en los ámbitos: económico (costes sin rentabilidad), social (más prioritaria es la inversión en vivienda) y urbanístico. En cuanto a este último es imprescindible asumir que el valor del parcelario de una ciudad histórica tiene tanta importancia como la de cualquier gran monumento[5] por lo cual merece la máxima protección para impedir las agregaciones o subdivisiones sin escrupulosa justificación histórica.
Quito. El tejido urbano de máxima protección
Cuando “toda la ciudad” era el Centro, resultaba obvio que aquí se concentraran todas las funciones: administrativas (Ministerios, dependencias municipales), comerciales (pasaje Royal, El Globo, etc.), de equipamiento: deportivo (el Coliseo), educativo (Escuela Sucre, Colegio 24 de Mayo, Liceo Bolívar, Colegio San Gabriel, Universidad, etc.), comercial (mercado central), de ocio (todos los cines, La Alameda, etc.), cultural (Biblioteca Nacional, Museo Colonial, etc.) y por otra parte, resultaba lógico que las casas estuviesen habitadas por sus antiguos vecinos de todos los estratos sociales: el Dr. Julio Tobar Donoso vivía en la calle Cotopaxi, Ruperto Alarcón Falconí en la calle Guayaquil cerca de Mariano Ventimilla, la Torera y el Cuchillo Martínez, Eugenio Espinosa, vivían en el centro.
Será Sixto Durán Ballén, al volver de Estados Unidos el joven arquitecto que irrumpió en el Centro sin ningún respeto; sin embargo por sus obras fue premiado (Cine Atahualpa, 1958). Similar comportamiento y reconocimiento tuvieron otros arquitectos, profesores de la Facultad. Eran otros tiempos. Todas las ciudades del mundo pasaron por esa negativa experiencia y soportan la presencia de varios “puntos negros” en el Centro. ¿Qué hacer?
Quito. García Moreno y Mejía
Es una pregunta que no admite improvisaciones, urgencias políticas o buenas intenciones sin ideología. El infierno está empedrado con ellas. Exige respuestas serias, reflexivas, rigurosas, comprometidas con la historia y con la cultura. Eso es lo que se lleva haciendo en Europa desde los años setenta, gracias a la Tendenza, grupo de arquitectos italianos que enseñaron el método para recuperar el valor y el significado de la Historia en la proyectación arquitectónica, en el proyecto urbano cuidando la forma urbana y en el Planeamiento.


Tirar al suelo las casas en el Centro fue el comportamiento motivado por el Movimiento Moderno de la Arquitectura y de la Carta de Atenas[6] que no cabe repetir. Tampoco cabe la actitud similar a la de Mussolini cuando ordenó abrir una vía por el Foro Romano para ponerlo en valor. Ni siquiera las de Sitte o Giovannoni que en aras de la estética monumental eliminaron tejidos y edificaciones antiguas. Después de tanto avance técnico, teórico y operativo, no cabe adoptar similares comportamientos. Hay que buscar otras alternativas o quizá, llegar a la conclusión de que lo mejor sería buscar una solución consensuada: culta antes que técnica, lucrativa o política.
¿Por qué se ha escogido solamente esos dos “puntos negros”? ¿Qué se tiene previsto hacer con los demás? ¿Se ha estudiado suficientemente la evolución y la transformación del parcelario? ¿No sería más conveniente estudiar cada casa para según sus particularidades dar una solución específica? ¿Cabe borrar o corregir los errores urbanísticos cometidos?
¡Cómo me gustaría estar en mi tierra para ayudar a pensar en las respuestas!

Sevilla 15 de Setiembre de 2013


[1]  Jorge Benavides Solís. La Arquitectura del siglo XX en Quito. Ed. Banco Central. 1987
[2][2] Jorge Benavides Solís. La Memoria Agredida. Ed. Abya Yala Quito 2003. Sevilla 1996
[3] Jorge Benavides Solís. Quito marginal. Estudio para UNICEF. Quito 1987
[5] Junta de Extremadura: Urbanismo y conservación de ciudades Patrimonio de la Humanidad. Cáceres 1993: 335-345. Jorge Benavides Solís, El Patrimonio de la Humanidad en Los Andes.
“(…) hechos fundamentales (permanencias, monumentos, trama vial, parcelario, instituciones) de la realidad urbana en torno a los cuales se construyen otros hechos (…)” Aldo Rossi: La Arquitectura de la ciudad. Barcelona 1971: 45.
[6] Jorge Benavides Solís: Las falacias del urbanismo moderno en el Ecuador. En Arquitectura y Sociedad nº 2: 37-48